Buenos Aires, La reina del ruido

La Ciudad porteña es hoy una de las 10 ciudades más ruidosas del mundo, y la de mayor contaminación acústica de Latinoamérica.

Muchas veces hablamos de contaminación, y es un tema que hoy en día realmente preocupa a la población a nivel mundial, pero usualmente se hace hincapié en la contaminación que vemos; desmontes, residuos, gases. Sin embargo el ruido no es un tema menor a nivel ambiental, y en especial en las grandes urbes, donde el tráfico automotor, las industrias, comercios, y demás actividades socio-económicas, se concentran producto de la densidad poblacional.

¿Qué nos genera el ruido?

Para hablar de contaminación sonora o acústica, es fundamental comprender el concepto de ruido, que se define como “todo sonido no deseado” aunque vale considerar, más allá de los gustos, los niveles de ruido que pueden dañar el oído. El mismo puede generar afecciones no sólo fisiológicas, como la pérdida de la audición total o parcial, tinnitus o acúfenos, sino que también psicológicas, como alteraciones en el sueño, el humor, y la capacidad de la concentración, y hasta deteriorar la salud social, producto de condicionar la comunicación. Los daños psicoacústicos suelen ser temporales, sin embargo los relacionados con la capacidad de audición pueden ser irreversibles.

Nuestro oído es una de las partes del cuerpo más sensible. En su interior se aloja el órgano de Corti que contiene a las células ciliadas; terminales neurosensoriales que terminan transduciendo la energía mécanica, producto de la vibración del aire (sonido), en intensos estímulos eléctricos enviados al cerebro a través del nervio auditivo. Estás células ciliadas son las que se deterioran producto de la exposición a altos niveles de ruido, o a intensidades intermedias durante períodos prolongados. Es decir, las afecciones producto del ruido se generan no solo por el volumen con el que lo percibimos, sino que también debido al tiempo de exposición.

¿A qué niveles de ruidos nos exponemos?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) niveles de ruido mayores a 40 decibles con ponderación A (dBA) generan alteraciones en el sueño, superiores a 50 dBA alteraciones en la concentración,  y a 55 dBA alteraciones en el humor. Por encima de los 65 dBA se perciben las molestias, y de forma inmediata, a partir de los 120 dBA, el dolor. También la OMS establece que para 85 dBA el máximo tiempo exposición sin riesgo de daños fisiológicos es de 8hs, y cada 3 dB en que se incremente el nivel, se deberá contemplar la mitad del tiempo (88 dBA, 4hs; 92 dBA 2hs, etc.)

En las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se registran directamente hasta niveles mayores a los 85 dBA en zonas céntricas, en incluso pudiendo llegar a los 100 dBA. En recitales y boliches es usual que los valores ronden entre los 100A y los 110 dB. Incluso en salones gastronómicos, el bullicio puede alcanzar valores de entre 65A y 70 dBA producto de murmullo de los comensales, cubiertos, y la falta de acondicionamiento acústico del espacio.

De esta manera también se ven afectadas las viviendas como resultado de la emisión de ruido de fuentes externas al hogar, como ser, nuevamente, ruido de tráfico y actividades industriales o comerciales (motores, sistemas de ventilación, maquinaria, obras de construcción o en la vía pública, y un sin número de posibles fuentes de ruido más).

¿Qué podemos hacer?

Ya sea que estemos generando ruido, o percibiendo la contaminación sonora generada por los demás, debemos ocuparnos de no superar los niveles máximos permitidos según la legislación pertinente. En CABA existe la Ley 1540/04, “Control de la Contaminación Acústica”, regulada por el Decreto 740/07, así como también en la Provincia de Buenos Aires la Ley 11.723,“Ley Integral del Medio Ambiente y los Recursos Naturales”, que hace referencia a la Norma IRAM 4062 “Ruidos Molestos al Vecindario”, que establecen valores máximos de ruido y su criterio de evaluación. En el caso del ambiente laboral, la Ley 19.587, “Ley Higiene y Seguridad en el Trabajo” que fija niveles e intervalos de tiempos máximos de exposición.

Emitir niveles de ruido que no superen a los máximos permitidos siempre es viable a partir de una aislación acústica correctamente diseñada para cada caso, a partir de la evaluación y criterio de un profesional idóneo y con experiencia en el área.

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