Certificar la norma IRAM 4044, de protección contra el ruido en edificios, en la construcción de viviendas no debe considerarse un gasto, sino una inversión que ayude a las constructoras a jerarquizar sus proyectos inmobiliarios y evitar reclamos por ruidos molestos cuando deban administrarlos.
Desde hace unas décadas, la construcción de edificios en Argentina fue sumando detalles de lujo en cada uno de sus proyectos, mayormente en un mercado orientado hacia el segmento Premium. Pero no siempre en este mercado se considera la importancia por incluir detalles de confort como el aislamiento acústico, que también es un elemento pocas veces valorado. Es más, vivimos en una sociedad inmersa en el ruido, pero el silencio, como detalle de confort, pocas veces es tenido en cuenta.
La norma IRAM 4044
En este aspecto, la Norma IRAM 4044, actualizada en 2015, que se encarga de detallar las aislaciones mínimas entre viviendas en edificios de propiedad horizontal, si bien no resulta de aplicación obligatoria – opera sólo como recomendación- puede darle a un constructor un valor agregado importante, al presentar en la venta de su proyecto edilicio como certificado en esta norma a través de una empresa especializada.
En ese sentido, a comienzos de 2020 se aprobó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) la Reglamentación Técnica del Código de Edificación, que puede marcar un punto de inflexión en la construcción y el cuidado de la calidad acústica de las edificaciones en la ciudad y posicionarse como precedente para aplicarse en el resto del país. En este aspecto, el denominado anexo 8 al Código también plantea los mismos criterios técnicos como, por ejemplo, el aislamiento acústico mínimo que deben tener las nuevas construcciones.
Certificar la protección acústica de un inmueble a estrenar con esta Norma no sólo brinda a los futuros propietarios la tranquilidad de mudarse a una propiedad aislada convenientemente de ruidos molestos, sino le evita a la empresa constructora reclamos a futuro cuando deba hacerse cargo de la administración del edificio, ya que por ley es la constructora quien administra inicialmente el nuevo edificio por un plazo determinado de dos años.
Por otro lado, no siempre bajar los costos en el corto plazo se traduce en beneficios a largo plazo: en este sentido, la vieja frase “lo barato sale caro” mantiene su vigencia, ya que en edificios nuevos con problemas de ruidos, es la administración quien debe hacerse cargo de los costos de las quejas de los vecinos.
En este aspecto, el costo de certificación es mínimo, ya que se termina absorbiendo en el valor final del metro cuadrado del edificio, ahorra quejas y problemas a futuro y valoriza las nuevas propiedades a la venta. De la misma forma que la medicina preventiva ahorra costos a futuro, pensar en una certificación acústica también opera como prevención. La clave es entender las normativas, respetarlas y comprender los beneficios a futuro que se obtienen al implementarlas.
